Existe el vapeador pasivo ? Videito del Mono...





  • A ver.
    Primero deberíamos pensar si existe el fumador pasivo.
    No hay ningún estudio serio que lo verifique.
    Si existiera el fumador pasivo existiría el envendenado pasivo, ese que aspira el humo de un camión, de un autobus o de un auto. Eso es veneno.
    Hasta un fumador, que se fume 5 o 6 paquetes de tabaco, hasta que un millón de personas que se fumen 1 paquete de Gitanes no pueden dañar a nadie, ni a una flor.
    Por algo el primer guerrero contra el cigarrilo fue Adolf Hitler y ahora lo agarraron los que lo combatían.



  • En 1939, el científico alemán Franz Müller detectó la relación entre el hábito de fumar y el cáncer de pulmón. Hitler, quien en su juventud había sido un fumador empedernido, consideraba que fumar era “un acto decadente” y que el tabaco representaba “la ira del Hombre Rojo —es decir, de los indígenas americanos— contra el Hombre Blanco por haberle llevado el aguardiente”. Por ello, en 1941 fundó el Instituto de Estudios sobre los Daños del Tabaco en la Universidad de Jena. Dos años más tarde, los doctores Eberhard Schairer y Erich Schöniger comprobaron la hipótesis de Müller: fumar tabaco es causante directo de cáncer de pulmón. Además, los estudiosos se dieron cuenta de que no sólo resultaba afectado aquél que inhalaba directamente el resultado de la combustión de las hojas de tabaco, sino también quien respiraba dichos humos “de segunda mano”, y acuñaron el término Passivrauchen —que pasó a nuestra lengua como fumador pasivo— para describir a tal sujeto.

    Obsesionado con construir la raza perfecta y combatir los riesgos que amenazaban su ideal, Hitler lanzó una fuerte campaña y promulgó leyes contra el tabaquismo: en primer lugar, se pronunció contra el “impuro” hábito de fumar, y le ordenó a sus oficiales más cercanos que se abstuvieran de fumar en público; enseguida, hizo correr propaganda del partido que se enfocaba en mostrar los daños económicos y a la salud que causaba el consumo de tabaco —hasta eso, no se le ocurrió imprimir ratas muertas o enfermos terminales en las cajetillas—; prohibió fumar en las estaciones, trenes, autobuses y tranvías, así como en escuelas y cines; limitó la dotación de tabaco para los soldados en el frente y premiaba económicamente a quienes entregaban sus cigarrillos intactos; estableció fuertes restricciones en la publicidad que promovían marcas de cigarrillos y aumentó el impuesto sobre el tabaco. ¿Le suena familiar todo esto?

    De acuerdo con el investigador Robert Proctor —quien es autor del libro The Nazi War on Cancer, el cual recuperó y trajo a la luz todas estas investigaciones y políticas de salud pública del régimen de la suástica—, la guerra contra el tabaco también revestía un carácter simbólico, pues se le consideraba “un enemigo del pueblo” y tanto Hitler como Mussolini y Franco eran no fumadores, a diferencia de los líderes del bloque de los Aliados —Roosevelt, Churchill y Stalin—, que fumaban copiosamente.

    Un especial énfasis de estos esfuerzos se enfocó en las mujeres alemanas, particularmente las embarazadas: las alemanas que fumaban eran vistas como vulnerables al envejecimiento, se consideraba que perdían su belleza física y que “no eran dignas de ser esposas y madres de una familia alemana”; al mismo tiempo, se descubrieron los efectos que el tabaquismo de la madre tenía sobre el feto, por lo que se prohibió la venta de cigarrillos a las mujeres. Los efectos de esta política paternalista se calculan en unas 20 mil mujeres alemanas que evitaron el cáncer de pulmón, de acuerdo a los reportes médicos del Instituto fundado por Hitler, y en un sensible descenso de la tasa de tabaquismo en la población blanca de Alemania. Los demás sectores de la sociedad, al parecer, no eran muy del interés del Führer.

    Al caer el régimen nazi, las compañías tabacaleras americanas entraron a Alemania y rápidamente inundaron el mercado negro de los cigarrillos —se calcula que cada mes alrededor de 400 millones de cigarrillos estadounidenses entraban ilegalmente a Alemania—, y gran parte de los descubrimientos científicos sobre los efectos del tabaco en la salud, ya se lo imaginará usted, fueron sepultados y condenados al olvido por el bando vencedor de la Segunda Guerra Mundial. Después, vinieron décadas de floreciente abundancia para las tabacaleras, con la consecuencias que todos conocemos.

    Respetando lo que usted piense al respecto, le comparto la opinión de Robert Proctor sobre su trabajo de descubrir toda esta maraña debajo de la alfombra de la historia oficial: “Existe el miedo de que reconocer dichos trabajos sea tanto como darle crédito y validez a las ideas y políticas nazis. Mi intención no es la de discutir si las campañas antitabaco tienen o no raíces fascistas, o si las actuales medidas de salud pública son, en principio, totalitarias. Sin embargo, [es un hecho] que la campaña antitabaco de los nazis era tan fascista como las estrellas amarillas o los campos de concentración”.

    Un comunicado del Partido Nacional Socialista rezaba: “El Führer se opone al tabaquismo y que piensa que cada ciudadano alemán es responsable por el pueblo entero por todos sus actos y omisiones, y que, por lo tanto, no tiene derecho de dañar su cuerpo con drogas”. Y ese es el meollo del asunto. Al margen de los hechos históricos y de influencia que tenía la ideología —más que la salud— en estas políticas, quedan preguntas al aire: ¿realmente tiene el Estado, o un régimen en particular, la facultad de despojar a cada ciudadano del derecho de fumar? Y, a la luz de las políticas de salud contemporáneas, ¿hasta qué punto un individuo es dueño de sí mismo y tiene el derecho inalienable de hacer con su cuerpo lo que él decida?



  • Anita @anadaniele !! Un aporte maravilloso...realmente gracias mil por compartir !! @marindigo Excelente articulo nos has acercado... impresionante !! Realmente engrandecer nuestra cultura vaperil con este tipo de articulos no tiene precio... Simplemente enriquecedor !! Gracias por compartir !! Besos y abrazos !!



  • @Alejandro-R. Gracias Ale, besote !


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